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Acueductos romanos

Antiguamente, la ciudad de Roma contaba con siete colinas y once acueductos. El agua significaba para Roma su crecimiento, tanto así que cuando los bárbaros cortaron el agua que ingresaba a la ciudad, ésta cayó. Actualmente pueden verse en Roma los restos de los enormes arcos de los acueductos, en especial los de Vía de San Gregorio y Porta Maggiore. Estos canales estaban construidos con cemento y recubiertos con losas de piedra y llevaban el agua que recogían de las colinas, hasta la ciudad, almacenándola en grandes depósitos con el fin de que la misma tomara presión.

Acueductos romanos

El agua que llegaba a la ciudad abastecía las fuentes y los edificios públicos -especialmente las termas- a través de cañerías que podían ser de madera, plomo o terracota. En sus mejores épocas, la ciudad de Roma contaba con agua limpia y fresca.

Durante aproximadamente mil años, los romanos se vieron obligados a utilizar aguas contaminadas del Tiber, lo que provocó muchos problemas de salud a la población hasta que, los papas del renacimiento ordenaron la construcción de los acueductos. Hoy en día, tres de aquellos antiguos acueductos, juntamente con los modernos, siguen abasteciendo de agua fresca y limpia a la ciudad de Roma, aún cuando ambas nunca se mezclan y las primeras tienen, para los romanos, propiedades curativas.

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